la lluvia nos dió un respiro y salvo uno de los días que se permitió acariciarnos, disfrutamos de un sol espléndido.
Viajamos en autobus hasta Assilah, y luego alquilamos un taxi para el resto de los desplazamientos.
El color, la luz... inundo nuestros momentos, el mar agitado , la comida fantástica .
La nochevieja diferente, con antifaz esperamos el año nuevo y las uvas las tomamos al son del tenedor en la copa a eso de la una más o menos, bailamos, reímos y terminamos la noche con la luna llena invadiendo la oscuridad, mientras en el malecón las olas golpeaban el muro del puerto.
Merece una mención el Hotel, el Continental en Tanger, casi casi en plena medina, con un personal muy amable, y con un encanto especial.